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Por qué es tan difícil anticipar una recesión y qué activos han protegido mejor la cartera

Ha sido un mes de fuertes ganancias, con el menor número de decepciones empresariales en 25 años, al margen de la recuperación tras la pandemia, y con muy poca actividad militar directa en el estrecho de Ormuz, aunque también con pocos barcos atravesando esta vía marítima clave. Mientras esa calma sostiene a los mercados, la eurozona acaba de crecer solo un 0,1% y los primeros indicadores de actividad ya han empezado a mandar señales de alerta.

El desfase entre mercado y economía vuelve a colocar a los inversores ante un problema conocido. El PIB puede seguir en positivo, el empleo puede resistir y los beneficios empresariales pueden salir mejor de lo esperado mientras la inversión se enfría, los bancos cierran el grifo y las encuestas de actividad se deterioran antes de que llegue una señal oficial de recesión.

Ese retraso es lo que vuelve tan difícil anticipar el cambio de ciclo. La recesión rara vez se ve primero en el dato que la confirma. Antes suele aparecer en la financiación, en los pedidos, en los márgenes y en las decisiones de inversión.

La tasa de paro de la eurozona se mantuvo en el 6,2% en marzo, cerca de mínimos históricos, y el empleo todavía avanzó en el arranque del año. Ese dato mantiene viva la lectura de resistencia, pero el crecimiento interanual del PIB ya se moderó al 0,8%, desde el 1,3% registrado al cierre de 2025.

Mientras tanto, el PMI compuesto de la eurozona bajó en abril a 48,8 puntos, desde 50,7 en marzo, y volvió a situarse por debajo del umbral de 50 que separa expansión y contracción. La señal más relevante llegó de los servicios, que cayeron a 47,6 puntos, su peor lectura en 62 meses.

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