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El Brexit sigue desangrando a Reino Unido… diez años después del referéndum

Parecía imposible. Reino Unido votó a favor del Brexit prometiéndose más control, más prosperidad y una economía más libre. Diez años después del referéndum de junio de 2016, aquella “Singapur del Támesis” que prometían sus defensores se parece mucho más a una economía contra las cuerdas, con los inversores vendiendo deuda británica y el Tesoro obligado a pagar cada vez más para colocar sus bonos.

La última bofetada ha llegado este mes de mayo, en plena rebelión interna contra el primer ministro Keir Starmer y en medio de profundos rumores de dimisión. Las rentabilidades de los bonos soberanos británicos a 10, 20 y 30 años, conocidos como gilts, se han disparado hasta una horquilla de entre el 5,1% y el 5,8%, niveles que, en los plazos más largos, no se veían desde finales de los noventa.

Es el mercado diciendo que financiar a Reino Unido vuelve a salir caro, y la deuda neta acumulada del sector público británico, sin incluir los bancos con participación estatal, alcanzó a finales del pasado febrero el 93,1 % del PIB.

Solo faltaba una crisis política

La crisis en el Gobierno se ha intensificado después de que el laborismo sufriera un duro varapalo en los comicios locales ingleses y regionales de Escocia y Gales de la semana pasada.

Starmer trata de resistir en Downing Street, pero la posible entrada del alcalde de Mánchester, Andy Burnham, en la carrera por el liderazgo amenaza con alargar una batalla interna más ruidosa de lo que los mercados querían descontar. El riesgo para los mercados está en el siguiente paso. “Los riesgos de un cambio hacia un liderazgo laborista fiscalmente menos responsable siguen siendo amplios”, advierte David A. Meier, economista de Julius Baer.

La City ya sabe cómo puede terminar esa película. En otoño de 2022, Liz Truss anunció rebajas fiscales sin financiación, los gilts se hundieron, la libra recibió el golpe y el Banco de Inglaterra tuvo que intervenir para evitar un accidente en los fondos de pensiones. Truss se mantuvo solo 44 días en el poder.

Esta vez, el movimiento es más lento, pero el miedo es el mismo. Reino Unido llega con un déficit cercano al 5% del PIB, una deuda cada vez más cara y una economía que lleva años funcionando con el freno de mano echado.

El legado del Brexit

Desde el referéndum de 2016, las empresas invierten menos, exportar a Europa cuesta más y la productividad sigue atascada. El Centre for Economic Performance de la London School of Economics pone números a la factura del Brexit, con un PIB entre un 6% y un 8% inferior al escenario sin salida de la UE, un empleo en torno a un 3% menor, una productividad un 3% más baja y una inversión empresarial entre un 12% y un 18% por debajo de su trayectoria esperada.

La inversión concentra buena parte del daño porque las empresas más grandes, más productivas y más internacionalizadas eran también las más expuestas al cambio de reglas con Europa. Más trámites, más costes administrativos y más incertidumbre regulatoria han reducido el atractivo de Reino Unido como base para vender al mercado europeo.

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