- Si se confirma que el avión del FCAS no se fabricará, España explorará desarrollar uno junto a Alemania y Suecia
- La industria española, que lidera dos pilares clave del proyecto, afronta una incertidumbre total sobre el futuro
- El Gobierno activó un plan de 500 millones para blindar a las empresas ante la parálisis del programa europeo
El Ministerio de Defensa ha comprometido ya casi 2.000 millones de euros en el Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS), el megaproyecto europeo que España desarrolla junto a Alemania y Francia, cuyo eje central es la fabricación de un caza de sexta generación. El programa lleva meses en crisis y, a falta de confirmación oficial por parte de los Gobiernos, la solución final pasa por desmembrarlo, separando los caminos en el desarrollo del avión de combate y manteniendo cierta cooperación en el resto de los trabajos.
Ante esa situación, la ministra de Defensa, Margarita Robles, que ya ha hablado de «fracaso», ha asegurado que el Gobierno explorará alternativas. La principal será la de unirse a Alemania y a la sueca Saab, que ya dejó las «puertas abiertas» a ambos países para colaborar.
En 2021, el Gobierno español informó que destinaría un presupuesto inicial de 2.500 millones al FCAS para desarrollar la fase 1B y la fase 2. Sin embargo, la fase 2 no ha llegado a iniciarse por las tensiones entre los socios, lo que reduce ese presupuesto a aproximadamente la mitad.
En noviembre de 2025, ya con el proyecto en plena crisis, Defensa inyectó otros 700 millones en dos programas relacionados con el FCAS. Uno de ellos, el Siagen, dotado de 540 millones, era en realidad un blindaje para proteger a la industria española durante la parálisis del programa, asegurando que no se perdieran capacidades y que los equipos pudieran seguir trabajando y madurando las tecnologías a pesar de la incertidumbre. El segundo contrato, bautizado como FCAS nacional, buscaba estudiar cómo evolucionar todos los sistemas del Ejército del Aire para el futuro.
Desde el sector hablan que el Siagen, en concreto, ha sido un auténtico «balón de oxígeno» para la industria española ante la crisis del FCAS, y que si no se hubiera firmado, el país estaría inmerso en un «gran problema». Al ser concebido como un contrato puente, se puede visualizar que es una especie de reemplazo de la fase 2 del FCAS, que nunca ha llegado a iniciarse y que estaba muy centrada en el I+D y el prototipado, sin llegar aún a la fabricación. «El Siagen nos hace ganar tiempo para negociar nuestra entrada en otros programas de cazas», arguyen.
De los nueve pilares en los que se divide el proyecto del FCAS, dos de ellos están liderados por empresas españolas a nivel internacional. El pilar número seis, centrado en los sensores y dirigido por Indra. Y el pilar número siete, coordinado por Airbus España, que está orientado a las tecnologías de baja observabilidad para convertir al avión de combate y los drones en indetectables para los radares.
En busca de socios para un nuevo avión
Fuentes cercanas aseguran que, para la industria española, la situación actual es de incertidumbre total, pero ponen el foco en el próximo paso que debe dar el Ministerio de Defensa. «Estamos en un punto de inflexión», argumentan, deslizando que en el próximo año o año y medio España debe subirse a algún otro programa para desarrollar un avión de combate de nueva generación con socios «serios y comprometidos». Si eso se consigue, se podría considerar que España ha salido ganando. De lo contrario, se estaría poniendo en riesgo la inversión ejecutada y la capacidad de los sistemas de combate aéreo nacionales «para los próximos 20 años».
Con todo, el avión de combate era el punto más importante del proyecto, por lo que la decisión de abandonarlo supone un palo duro para los tres socios y para empresas españolas como Airbus, ITP Aero o Cesa, que participaban muy activamente en los trabajos. Aunque a nivel internacional, gran parte de las tensiones se explican por los continuos intentos de Dassault de ganar peso en esa parte concreta del programa, argumentando que solo ellos tienen experiencia en la fabricación de cazas.
La solución de desarrollar al menos dos cazas, uno más acorde a las necesidades de Francia y otro a las de España y Alemania, supondrá el encarecimiento del FCAS, según otras fuentes, lo que podría reducir a su vez el presupuesto que se destina al resto de pilares. «Todo será más ineficiente, y difícilmente viable», sostienen estas voces. Indra, que fue escogida como el coordinador nacional español, está más centrada en la llamada nube de combate y en los drones que en el propio avión fighter.
Un fiasco que se daba por hecho
Entre las empresas españolas se daba por hecho desde 2024 que el FCAS no se llevaría a cabo como estaba planeado originalmente. Para España, surge ahora un vacío a la hora de encontrar sustituto a los F-18 que pueda convivir con los Eurofighter.
Este miércoles, en el marco de la feria aeronáutica ILA, que se celebra en Berlín, se espera una declaración oficial del canciller de Alemania, Friedrich Merz, sobre la decisión final que se ha tomado con el FCAS. Diversas fuentes consultadas coinciden en señalar que, si finalmente se acuerda paralizar el desarrollo del caza y continuar trabajando en el resto de pilares, España apostará por desarrollar un avión de combate de nueva generación con ayuda de Alemania y Suecia.
Con todo, hay más alternativas sobre la mesa, como buscar una asociación con la turca Turkish Aerospace Industries (TAI), que está desarrollando su caza Kaan de quinta generación. También unirse al programa gemelo del FCAS, el Global Combat Air Programme (GCAP), que está inmerso también en fuertes tensiones entre sus socios (Japón, Italia y Reino Unido). O evolucionar los actuales Eurofighters hasta que sean prácticamente un avión nuevo.










