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La nueva fiebre inversora en energía: por qué la inteligencia artificial está disparando la rentabilidad de los fondos temáticos

  • El boom de la IA dispara la demanda energética y la necesidad de modernizar las redes eléctricas e infraestructuras
  • La electrificación y la eficiencia energética son megatendencias que van más allá de la coyuntura geopolítica
  • La oportunidad no está solo en renovables, sino en toda la cadena de valor: materiales, redes y eficiencia

Los fondos temáticos han vuelto a colocarse en el centro de atención de los inversores, sobre todo los relacionados con la energía, tanto los centrados en este tema de manera amplia como los más específicamente focalizados en las renovables. El cierre del Estrecho de Ormuz, uno de los puntos neurálgicos para el suministro de petróleo y gas, y la volatilidad generada en el precio de los combustibles fósiles ha reavivado el interés por reducir la dependencia de los países productores de crudo, algo que en Europa ya formaba parte de la política estructural de Bruselas con sus planes de transición energética.

Pero, además, el desarrollo de la inteligencia artificial en todo el mundo, y todos los recursos energéticos que requieren los centros de datos también han convertido la temática de la energía en una prioridad para los inversores, junto a las infraestructuras necesarias, como demuestran los datos de Morningstar de flujos netos.Con datos del primer trimestre, los fondos de recursos naturales, energía, infraestructuras y utilities se encuentran entre los que más dinero reciben en el año, con captaciones de casi 6.000 millones en el caso de los primeros, de 4.325 millones en los segundos, de algo más de 2.000 millones en los terceros y de 1.161 millones en los últimos. Cifras, no obstante, que se quedan por debajo de los más de 19.100 millones que han entrado en los fondos cerrados de infraestructuras directas y los 7.58 millones de los fondos de materiales industriales.

Estos flujos han seguido la revalorización de las compañías vinculadas con estas temáticas, que muchos fondos han aprovechado con rentabilidades de doble dígito, en algunos superando el 30% y en varios llegando a sobrepasar incluso el 50% en el año. ¿Pueden mantener esta dinámica o ha sido algo coyuntural? Gabriel Justiniano analista de fondos de inversión de Tressis, explica que «la aceleración de la inversión global en IA, digitalización e infraestructuras de centros de datos está generando una demanda energética sin precedentes, lo que beneficiará especialmente a compañías vinculadas a la electrificación, la eficiencia energética y la modernización de redes. En este sentido, tiene pleno sentido contar con una parte de la cartera expuesta a estas temáticas, siempre que se haga con un enfoque diversificado que no se limite a la generación renovable, sino que capture toda la cadena de valor del sector: desde cómo se produce la energía hasta cómo se distribuye y se consume de forma más eficiente», explica.

Una opinión que comparte Ion Zulueta, director de análisis de iCapital. «La inversión en energías alternativas, infraestructuras y materiales industriales la estamos abordando desde varias perspectivas. Por un lado, la transición energética sigue siendo un proceso estructural, pero su evolución está muy condicionada por factores como los tipos de interés, la regulación y la necesidad de asegurar la seguridad energética tras la crisis de los últimos años. En ese contexto, la volatilidad reciente en el precio de la energía fósil ha reforzado la atención sobre la eficiencia energética y ciertas tecnologías renovables, que además han sufrido correcciones significativas desde 2022. Y, por otro lado, creemos que tendencias como la electrificación de la economía y el crecimiento de los centros de datos asociados a la IA están impulsando de forma estructural la demanda de redes eléctricas y materiales industriales como el cobre, aunque los precios de estos materiales dependerán también del ciclo global y de la dinámica de oferta minera», señala.

Tendencia estructural

Aunque el conflicto de Irán ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los países dependientes del petróleo y el gas, determinadas temáticas ya venían desarrollándose mucho antes. Pero ahora han vuelto a coger impulso, acelerado por la necesidad de desarrollar la electrificación que demanda la inteligencia artificial. Jennifer Boscardin-Ching, especialista en acciones temáticas de Pictet, firma especializada en fondos temáticos, subraya que asegurar un suministro energético estable y asequible ha vuelto a situarse entre las principales prioridades de la agenda política, lo que puede ayudar a impulsar una nueva ola de inversión en energía limpia.

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«El año pasado, por primera vez, la producción de energía eólica y solar, junto con la hidroeléctrica, supuso más de la mitad del mix de generación de electricidad en Europa. La energía procedente de fuentes no fósiles, renovables y nuclear ya representa el 41 % de la generación eléctrica mundial. Y hay que tener en cuenta que la media del coste de generación de energía de nuevos proyectos solares y eólicos durante su ciclo de vida es ya menor que el de centrales de gas, carbón y nucleares. Se ha reducido a menos de un año el tiempo que requiere construir una central solar de servicio público, en comparación con cinco para centrales de gas de ciclo combinado y diez para nueva energía nuclear. Aunque las renovables sean fuente intermitente de energía, los avances en baterías y tecnologías de almacenamiento están reduciendo la brecha», asegura la experta.

Pero la temática de la electrificación va mucho más allá de la transición energética. Como recuerda Miriam Fernández, jefa de Inversión Temática de Ibercaja, la demanda de electricidad por la IA es un hecho. «Las colas de interconexión en EEUU están colapsadas en todos los operadores relevantes, por eso los actores acuden a fuentes de energía in situ y las compañías de transformadores de alta tensión y equipamiento cuentan con una cartera de pedidos estructural. Los hiperescaladores se están convirtiendo en eléctricas puesto que, a través de acuerdos, cada vez más innovadores, están costeando la nueva infraestructura energética a cambio de asegurarse la electricidad para monetizar sus fuertes inversiones en centros de datos», explica Fernández,quien recalca que la alternativa sería «no tener energía para sus centros de datos o pagarla a precios de mercado spot en un mercado con demanda estructuralmente superior a la oferta».

No solo los sectores vinculados a las energías renovables o los operadores de redes de transmisión y distribución eléctrica son los que se benefician del auge de estas temáticas, sino que los relacionados con la eficiencia energética, incluyendo infraestructuras eléctricas, semiconductores o bombas de calor, y los segmentos ligados a la movilidad, como los vehículos eléctricos y las infraestructuras ferroviarias, y las compañías orientadas a la eficiencia de recursos, como firmas de planificación de infraestructuras, catalizadores o enzimas, también consolidan su posición ganadora en este entorno.

«La electrificación y la transición energética no deben entenderse únicamente como una apuesta táctica vinculada al precio del petróleo o a episodios geopolíticos puntuales, sino como una megatendencia global que afecta a múltiples sectores, como infraestructuras, industriales, movilidad, eficiencia energética o tecnología», apunta Antonio Feito, director de Ventas de Swisscanto AM International España, quien destaca como las empresas relacionadas con la transición energética presentan un «importante potencial de crecimiento estructural», dado que suelen operar en mercados con crecimiento estructural, respaldado por la regulación, innovación tecnológica y cambios en la demanda.

Boscardin-Ching ofrece más datos para considerar la inversión en las compañías relacionadas con la electrificación. «El sistema de redes en Europa, uno de los más grandes del mundo, con 36 países, requiere renovación, pues tras años de escasa inversión, alrededor del 40% tiene más de 40 años y hay que hacer frente al aumento de la demanda energética, la electrificación y la integración de renovables, lo que requiere una red mucho más modernizada. En Estados Unidos tampoco la red está preparada para los vehículos eléctricos, la digitalización y la reindustrialización. Así que las compañías de servicios públicos cotizadas son una vía atractiva para que los inversores aprovechen esta tendencia estructural. De igual modo pueden beneficiarse los fabricantes que proporcionan elementos básicos de infraestructura energética: transformadores, conmutadores, cables y otros componentes», remarca la experta de Pictet.

Otras oportunidades

Aparte de la energía y los materiales industriales, existen otras temáticas que han vuelto a coger tracción tras el conflicto de Irán y la tensión inflacionaria provocada por el aumento de los precios del crudo y el gas, y son las relacionadas con el mundo de la agricultura. Marc Garrigasait, gestor del Panda Agriculture &Water Fund, el único fondo español centrado específicamente en este tipo de compañías, explica que en las últimas décadas, los precios de la energía y de los alimentos han mostrado una correlación cada vez más estrecha y probablemente estructural, que achaca a varios factores, a su juicio, claves, como el uso de los fertilizantes nitrogenados y los biocombustibles. «El uso de cultivos agrícolas para la producción de combustibles en el transporte, especialmente en Estados Unidos, Europa y, de forma destacada, Brasil, incrementa la correlación entre los precios agrícolas y los precios energéticos. A modo de ejemplo, la producción global de biofuel se ha multiplicado por siete en los últimos dos decenios«, afirma Garrigasait, quien incluye la mecanización agrícola, el transporte globalizado de alimentos, su procesamiento industrial y la irrigación agrícola como otros de los factores importantes.

«La mayor parte de los alimentos ya no se consumen en estado crudo, sino tras procesos de transformación intensivos en energía, mientras que el aumento de la superficie regada a nivel mundial requiere infraestructuras hidráulicas cada vez más sofisticadas, con un uso intensivo también de energía para el bombeo y distribución del agua. Un encarecimiento en los precios aumenta el valor de los activos ligados al sector agroalimentario. Por ejemplo, con el cierre de Hormuz, están subiendo los precios de los fertilizantes o de los activos logisticos globales ligados a la alimentación, lo que suele acabar trasladándose a los precios de la mayoria de alimentos, al traspasar al consumidor este aumento de sus costes», concluye el gestor.

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